martes, 13 de abril de 2010

LA SOLEDAD DEL LIBRO OBLIGADO

Una sed de destrucción profunda
cada amanecer mi corazón vierte,
una herida que en la noche se convierte
en un embravecido mar de odio que inunda
un agujero que me inunda y sabe a muerte

Cada amanecer es un regalo impertinente.
Los ojos muertos y los dientes apretados
chirrían contra las sábanas y, desde mi costado,
siento el frío de un nuevo presente
que me lleva desde mundo de los sueños a este lado.

1 comentarios:

utopicarosa dijo...

Ahora te toca escribir otra, La alegría de los libros reencontrados, o algo así...
Espero que tus ganas de destruir solo se refieran al temario de oposiciones, idea que todo opositor tiene en mente: deshacerse de todas y cada una de esas miles y miles de páginas, muchas de ellas incomprensibles o inútiles, que te han atado a una silla-tortura y te han impedido aprovechar el "regalo impertinente" que trae cada nuevo amanecer,... (Que luego llega el gran momento y dices, bueno, mejor lo reciclo, y cuando has preparado cajas para ir recuperando tu vida-espacio, te dices, bueno, mejor lo guardo... recuerdo de una gran prueba superada o de una ingente inversión en tiempo, dinero y esperanza, o de ambas)

Por cierto, soy una de tus amigas en la imaginación, bueno, no, no soy una de tus amigas/os invisibles, con esos tendrás más contacto. Más bien soy una de tus amigas en el recuerdo, y eso contando con que te acuerdes de mí alguna vez..

Me alegro de haber dado contigo, aunque sea virtualmente, y confío en que seguirás dando rienda suelta a tu imaginación, como necesidad de expresión, evasión o de lo que sea. Pasarán los nubarrones, ya verás, y vivirás intensos amaneceres, crepúsculos, ...

Te sigo leyendo, y sonriendo con tus fotos. Un besazo, y recuerda que yo querría tener profesoras como tú.

Publicar un comentario